La reforma parte de un nuevo orden interior, redistribuyendo los espacios para abrirlos a la luz y adaptarlos al ritmo de la vida cotidiana. La cocina, integrada en una zona de día amplia y conectada, se convierte en el punto de encuentro del día a día.
La atmósfera se construye con materiales naturales y texturas cálidas. La madera, la piedra, las fibras vegetales y los tonos neutros envuelven los espacios en calma. La vegetación también ocupa un lugar especial en el proyecto: un árbol crece en el salón y la sensación de ducharse en la naturaleza se vuelve real.
Un diseño que busca serenidad, ligereza y sentido. Un lugar donde habitar sea, ante todo, un acto de armonía.